unarc-en-ciel
La Frida que yo traigo adentro, sólo yo la conozco. Sólo yo la soporto. Es una Frida que llora mucho. Siempre tiene calentura. Está en brama. Es feroz. El deseo la embarga. El deseo del hombre y de la mujer, el deseo que la cansa. Porque el deseo desgasta mucho, vacía, inutiliza[…]
Nunca he conocido a una mujer más cobarde que yo, nunca he conocido a una mujer más valiente que yo, nunca he conocido a una mujer más viva, nunca una más cochina, más cabrona, nunca una tan tirada a la desgracia. Nunca debe quedarse nada sin probar[…]
Pero así es mi carácter. Nunca fui prudente, nunca obediente, nunca sumisa, siempre rebelde[…]
A mí las alas me sobran.
_ Tomado del libro Siete Cabritas. (via lointangible)